22 agosto, 2017

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Amaneciendo al nuevo año desde el Arrecife de las Sirenas

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Arrecife de las sirenas AlmeríaEste 1 de enero ha sido el segundo año consecutivo en el que he dado la bienvenida a un nuevo calendario de 365 días desde el emblemático Arrecife de las Sirenas, en el faro de Cabo de Gata. En esta ocasión la carretera era más ancha, con dos carriles en toda la subida, así que desaparecía por completo el cosquilleo y la emoción de antaño de imaginarse el encuentro con otro vehículo en dirección contraria en un solo carril para ambos y con un pronunciado desfiladero de varios cientos de metros hacia abajo como única alternativa. La adrenalina a partir de ahora es cero, pero el paisaje volcánico y sacado de un cuento fuera del tiempo sigue siendo el mismo.

Lo llaman fomento. Accesibilidad y comunicaciones. Carreteras, autovías y todo tipo de infraestructuras para hacer más fácil el dominio del ser humano sobre la naturaleza. De ahí que las máquinas del progreso arañasen estos meses atrás unos pocos metros al cerro, a esa montaña que hacía un poco más inaccesible la llegada al Arrecife de las Sirenas. Por lo menos antes había que pensárselo dos veces antes de iniciar la subida. Ahora, carretera despejada y con dos carriles, el arrecife está abierto a más vehículos y turistas curiosos. Incluso el nuevo escenario es más propenso a la masificación. De hecho Ana y yo nos topamos con un autobús, subiendo esas escarpadas pendientes, y con varias autocaravanas.

Supongo que todo lo anterior explica que encontrásemos más personal que nunca en este enclave paradisíaco, pese a que en el atardecer soplaba un frío bastante desapacible. Ese mismo viento era el que movía como si fuese un gran manta de azul y verde, con espuma blanca, el Mediterráneo a su paso por la esquina de la Península Ibérica. Y es que este faro con su arrecife es la bisagra de la costa mediterránea española, hacia el levante y hacia el poniente, con el conteniente africano enfrente y el mar de Alborán en medio.

En este lugar hay que guardar las palabras en reposo y observar. Nada más.

Faro de Cabo de GataCalle Arrecife de las Sirenas
Gaviotas en el paseo de las Salinas de Cabo de Gata
A la vuelta nos detuvimos en esa minúscula población de La Fabriquilla, con nombres de calles de calas y rincones de la Almería más embrujada. Todo en silencio entre las pocas casas que dan cobijo a la Fabriquilla. Y sin rastro de gente. A la entrada un grupo de caravanas que dan fe de que hay personas que dormitan en ese rincón del Cabo. Y luego la vecina población de Las Salinas, luciendo su iglesia al fin restaurada. Y más allá el pueblo de Cabo de Gata, a continuación Retamar, el Toyo y de regreso a la civilización.

Dos cervezas y Cabo de GataAdios Cabo de Gata

Acerca del Autor

joseantonioarcos

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra; licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Complutense de Madrid, con título de experto en Unión Europea. Periodista especializado en información agrícola.

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