23 noviembre, 2017

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El Bosque mediterráneo pierde su set frente a la desertificación

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No hay que irse a la prehistoria y recordar que el río Andarax fue navegable, en la región más árida de la península ibérica (Almería), para entender que el sureste peninsular sufre un proceso de desertificación especialmente acusado en provincias como Almería, Murcia, Granada, Jaén o Málaga, con áreas donde el ‘enfrentamiento’ entre el avance del desierto y el séquito de especies forestales de mayor o menor porte, se manifiesta de forma evidente.

Reforestación

Crónica de Miguel A. Sánchez Rubí.- Hoy en día es noticia, la repentina seca de ejemplares de diferentes pinos de gran desarrollo, sin motivo aparente. Si bien, por desgracia, hay de recordar que hay casos peores para el bosque mediterráneo. Se trata de la denominada ‘seca de la encina’ que especialmente en Andalucía y Extremadura, se viene produciendo desde hace ya décadas, en ejemplares del género Quercus, como las encinas o carrascas, especie ‘soberana’ de la flora ibérica, desde el punto de vista de desarrollo de los ecosistemas ibéricos.

Pero ahora las noticias se centran en el decaimiento de las masas forestales de pinar, especialmente las presentes en el sureste peninsular, que se nos muestran con un alto porcentaje de pinos muertos súbitamente. Sin embargo, esta situación es hasta cierto punto esperable y con unas causas muy patentes, a saber:

  • La falta de tratamientos silvícolas, necesarios para mejorar el estado sanitario de las masas forestales, a través de una reducción de la densidad y la consecuente ayuda a la diversidad en las mismas. Sin entrar en lo que supondrían estas medidas, para la reducción de los incendios forestales.
  • Dentro de los factores climáticos, sin duda la reducción de las precipitaciones y el aumento en la irregularidad de las mismas, es algo sostenido en general dentro del ámbito científico, donde se sugiere que estos efectos vinculados al cambio climático se hacen más patentes cuanto más elevadas son las cotas (donde predominan normalmente los terrenos forestales).
  • El empobrecimiento edáfico también parece tener un gran número de factores significativos detrás de estos procesos de seca de pinar y encinar.

La lista de las causas que hay detrás del deterioro de nuestras masas forestales pueden ser muy desarrollados de forma mucho más rigurosa, pero a grandes rasgos los señalados anteriormente son una buena referencia y dejan muy a las claras la magnitud del problema. Podríamos decir, haciendo un símil tenístico, que la desertificación gana un set a nuestro bosque mediterráneo y lo está haciendo en una cancha propia con todo a su favor.

Bosque-mediterráneoSin embargo, no todo es negativo, realmente la situación a principios del siglo XX no era mejor que la de ahora, al menos a nivel de cuantitativo de superficie forestal. Pero pasada la guerra civil española, se encomendó a un grupo de Ingenieros de Montes la redacción de un Plan de repoblación forestal que fue la base para las repoblaciones acometidas durante los años anteriores, y muchas de las masas forestales que hoy podemos ver en nuestras sierras, tienen su origen en este plan y, por supuesto, en el trabajo de muchos de nuestros abuelos (se trataron de obras que sacaron del ‘hambre’ transitoriamente a muchas familias de la posguerra, pero esto es otra historia). Realmente este plan incluía la introducción de una mayor variedad de especies de las que finalmente se introdujeron pues, en general, estas repoblaciones se realizaron con diferentes coníferas, principalmente, diferentes especies de pinos. El objetivo de estas repoblaciones, al menos en el sureste peninsular, era fundamentalmente proteger el suelo y regular el ciclo hidrológico, controlando los fenómenos torrenciales y los daños que estos causaban en agricultura y en las poblaciones. Sin embargo, este objetivo suponía llevar a cabo las obras con ciertas premisas que favorecían la elección de estas coníferas frente a especies frondosas como las encinas, por ejemplo. Así pues, se introdujeron numerosos plantones de pino, especie de crecimiento rápido que en poco tiempo cumpliría con los objetivos propuestos y que además se consideraba una especie favorecedora de la evolución vegetal hacia la vegetación potencial de estas zonas repobladas, si otros factores como los incendios no lo impedían.

Estos pinares que hoy se nos están secando en diferentes sierras, proceden de repoblaciones forestales realizadas entonces y que, en general, han carecido de los tratamientos silvícolas de mejora que estas masas forestales requieren, a saber, llegados ciertos estados de desarrollo de la masa forestal, cuando ésta ya tuviese a los diferentes árboles o pies en competencia por la luz, agua, etc., hubiese sido el momento de realizar un aclareo de estos pinares, reduciendo la densidad de pinos y favoreciendo el buen estado fisiológico de los mismos, al disminuir la competencia por los distintos recursos. Además, hubiesen sido necesarios otros tratamientos silvícolas de mejora posteriores, que rara vez se han realizado.

Todo ello nos ha conducido a unas masas formadas por ejemplares débiles que sobrevivían en el límite de sus requerimientos hídricos, edáficos, etc., hasta que su estado sanitario ha decaído, siendo vulnerables a distintas especies de insectos perforadores de madera, que simplemente están realizando una labor reguladora del ecosistema forestal. La lección es evidente, las masas densas monoespecíficas no son una opción estable frente al avance de la desertificación.

Ahora bien, no se trata de denostar al pino como especie, la cual cumple en muchos sitios un papel protector del suelo y de regulación del ciclo hidrológico, aumentando por ejemplo la cantidad del agua que se infiltra en el mismo tras un episodio de lluvia.  Si bien es evidente que las altas densidades, y la falta de introducción de otras especies presentes en las series de vegetación de estas zonas, han generado unos ecosistemas excesivamente frágiles.

Ahora que sabemos cuál es la situación, hagámonos las siguientes preguntas:

¿Por qué no hay inversión en los  de mejora de estas masas?

Muchas de estas masas forestales están en terrenos de propiedad pública, y el beneficio de la venta de esta madera, comparado con los costes de la corta y saca de la misma supone una pérdida económica para la administración y si bien hoy las masas forestales ofrecen a la ciudadanía beneficios, estos no son directos o al menos no son fácilmente cuantificables. La mejora de la calidad del agua, del aire, del paisaje, de las posibilidades de recreo, etc., están ahí, pero en época de crisis se tiende a centrar los esfuerzos en los beneficios que se plasman de forma directa.

¿Qué fue de las subvenciones a la forestación de tierras agrarias?, ¿fue útil?

Algunos recordaran que, con las ayudas comunitarias de la PAC en el año 1992, surgió una línea de ayudas que pretendía forestar terrenos agrarios más o menos marginales. Gracias a esta línea de subvenciones muchos propietarios de fincas e incluso ayuntamientos se acogieron a la misma y convirtieron eriales o terrenos de cultivos relativamente marginales en aquel entonces, en terrenos con vocación forestal, a través de la introducción de especies diversas, entre las que sobresalían diferentes especies de pino, acebuches y encinas. Pero a pesar de la ingente cifra de superficie forestada que se llevó a cabo, los resultados de estas forestaciones desde un punto de vista de la restauración forestal, al menos en el sureste peninsular, ha sido muy poco satisfactorio.

Con la llegada de la crisis económica estas líneas de ayuda casi han desaparecido por completo, por lo que no parece que estas políticas se vayan a repetir a corto plazo.

¿Se puede recuperar el bosque mediterráneo, ¿entendido como un ecosistema estable?

tratamientos-selvícolas

Aceptando que los años hidrológicos son cada vez más pobres y que el suelo en muchos sitios presenta escasa profundidad y fertilidad, que faciliten el enraizamiento de la mayoría de las especies normalmente empleadas para la repoblación forestal y que, asimismo, cada vez hay una mayor limitación a preparaciones intensas del terreno forestal por motivos basados en aspectos relacionados con impactos a corto plazo (paisajísticos, faunísticos, etc.), a pesar de que con estas medidas se dificulta el enraizamiento de los plantones introducidos en las repoblaciones forestales, que además como hemos visto ya presentan grandes dificultades para enraizar, nos encontramos en un momento donde implementar nuevas técnicas y aunar todos los conocimientos técnicos y experiencias al respecto se hace fundamental para restaurar el bosque mediterráneo, partiendo eso sí de etapas anteriores a la presencia de los pinos (la presencia o no del pino en las diferentes etapas de sucesión de las formaciones vegetales, entre el desierto y el bosque denso y óptimo mediterráneo daría para una discusión también, aunque no se va a profundizar para no perder el objetivo del artículo).

Bueno, considerando todo lo visto hasta ahora, estamos en una situación difícil, falta inversión, pues ésta en general es pública, pero existen técnicas adecuadas para restaurar incluso las áreas más críticas (por ejemplo, mediante hidrosiembras). Los técnicos de hoy disponemos de muchas más herramientas para que estas repoblaciones tengan éxito, podemos evaluar de forma más detallada el territorio a reforestar, se dispone de maquinaria pesada para trabajar en pendientes superiores al 60 % de pendiente, es más fácil disponer de planta de calidad y de mayor número de especies para llevar a cabo estas repoblaciones forestales, etc.

Pero el monte no sólo debería esperar de la inversión pública. Hay, dentro de los aprovechamientos forestales, potencial para la inversión privada. Por ceñirnos al sureste peninsular, hay determinadas zonas donde el cultivo de trufas u hongos hipógeos puede ser una actividad muy rentable. La conocida trufa negra (Tuber melanosporum) , supera los 400 euros/kg y hace años superaba los 800 euros/kg y otra más desconocida, la trufa de verano (Terfezia claveryi) obtiene producciones a partir del segundo año y se obtienen producciones muy superiores que en la trufa negra, si bien no tiene el mercado de esta. Ambos hongos pueden ser cultivados a través de plántulas procedentes del vivero inoculadas con estos hongos y ubicadas en sitios que cumplan con ciertas características edafoclimáticas y altitudinales.

Es sólo un ejemplo, pero fomentar la inversión privada y retomar la inversión pública, es fundamental para que nuestros bosques vuelvan a actuar como bosques protectores frente al avance del desierto, de lo contrario, lo que está ocurriendo en la Sierra de Baza, Sierra de Filabres, Hoya de Guadix, etc., dejará una triste herida en nuestros paisajes.

Acerca del Autor

Ana Rubio

Fotógrafa agrícola y redactora en joseantonioarcos.es

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