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CABECERA CASI

¿Vió Bruce Springsteen el cartel de hortalizas almerienses?

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Cuando el ‘Boss’ no esté sobre los escenarios, habrá orfandad de mensajes en la música. Bruce Springsteen es mucho más que un sonido y una guitarra, es una bandera. La opuesta a la del lado oscuro de la vida, que vemos tantas veces retratado en el cine, en el telediario, en otras músicas o en nuestro día a día más rutinario. El ‘jefe’ es un símbolo de esperanza, una carga de adrenalina para seguir viviendo y para hacerlo en el equipo de los buenos.

Por eso, quien escucha a este rockero por primera vez en directo, lo natural es que quiera seguir acudiendo a sus conciertos todas las veces que le sea posible. Era el primero para Ana, el quinto para mí, y ella ya quiere repetir. Recuerdo el primero que viví en Zaragoza a finales del siglo pasado, después vino Madrid, Londres, Barcelona y hace unos días San Sebastián. Con este último tengo de nuevo cargadas las pilas vitales para los meses de frío y de calor, para las noches y sus madrugadas, para los días con mañanas y para cada mediodía. Ver a Bruce Springsteen en directo es interiorizar una brújula que sea actualiza en cada nuevo concierto.

San Sebastián, esa ciudad habitada por antiguos compañeros de carrera, como César, o por compañeros de piso en Pamplona, como Iñigo. Un concierto del ‘Boss’, la mejor excusa para un reencuentro. De esos de película en los que conocemos a las parejas de nuestros amigos e imaginamos sus vidas actuales y recordamos las pasadas, aquellas en las que éramos jóvenes imberbes nacidos para correr (Born to run).

Ana y yo nos compramos la camiseta oficial de la gira, The River. La compartimos en las horas previas con otra que llevábamos desde Almería, una negra con las hortalizas de nuestra tierra. Y lo mejor, la gran cartulina amarillo limón dibujada por mis hijos, dos pequeñajos que con sus manos pintaron unos días antes berenjenas, tomates, pimientos, pepinos, melones y sandías enmarcando así el título de una canción: Dancing in the dark. Cartulina que levantamos una y otra vez Ana y yo durante casi cuatro horas de concierto. Y justo al final, cuando ya estaban las luces encendidas, y Bruce Springsteen estaba en su segundo bis y ya nadie levantaba las pancartas decoradas de títulos de canciones, justo en ese momento se obró el milagro. Bruce Springsteen tocó Dancing in the dark. Nunca sabremos si lo hizo porque vio nuestra original petición de amarillo limón y coloreada de hortalizas, o si lo hizo porque ya lo tenía previsto. Lo cierto es que sonó e iluminó para siempre nuestro lado bueno de la fuerza.

Posdata: Ana ha elaborado el VÍDEO adjunto que deseamos os despierte el cosquilleo de querer asistir a sus próximos conciertos.

Acerca del Autor

Ana Rubio

Fotógrafa agrícola y redactora en joseantonioarcos.es

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