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Ramiro Arnedo cabecera

Mérida entre la niebla

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Las personas necesitamos corazón para sentirnos humanas. Y humanidad para sentirnos bien. El puente era largo o al menos la invisibilidad de la niebla lo engrandecía en la oscuridad de la noche. El puente romano de Mérida, sumergido entre tinieblas, crea una sensación que mezcla la excitación y la aventura pueril. Si la mano que acompaña el paso es amiga y con sentido del carpe diem, el paso sobre el Guadiana puede ser mágico. Por no decir amoroso.

Ana Rubio en el puente romano de Mérida.Ana Rubio en el puente romano de Mérida.

Habíamos rodeado tres minutos antes una rotonda con una estatua presidida por una loba que amamantaba a sus lobeznos. Majestuosa la loba capitolina. Etérea y eterna, como la leyenda de la creación de Roma. No en vano es un regalo de la capital italiana a la capital extremeña. Pero Ana y yo no nos encontrábamos en el centro de la Península Itálica, sino en una encrucijada de calles emeritenses dominadas por una espesa niebla.

La loba de la plaza de Roma de Mérida.

En la calle nadie. Solo silencio. Y frío. Pero esa ausencia de ruido y la gélida temperatura se balanceaban como un regalo del día que estaba a punto de culminar. Por la mañana, antes de amanecer, habíamos partido de El Ejido, también en la penumbra de la niebla, inusual en tierras almerienses. En Mérida – como un trazo invisible que hubiese unido Almería y Badajoz – se repetía al morir el día la misma intensa niebla con la que había amanecido la jornada 400 kilómetros más atrás.

La loba romana de Mérida está junto a la Alcazaba de la ciudad. A pocos minutos a pie se sitúa la sede de la Junta de Extremadura. Se la reconoce, en el silencio de una noche cerrada, por sus banderas institucionales al pie del edificio Conventual Santiaguista, un convento del siglo XV presidido por la torre del Homenaje. No muy lejos, a pocos pasos en diagonal se descubre la plaza de España. Ignoro cómo debe ser de día, ignoro el bullicio de un día cualquiera en el que sus vecinos llenan la plaza para concurrir al ayuntamiento que en ella situado da pie a todo tipo de trámites burocráticos y de quehaceres de actividad bulliciosa. Afortunadamente esa Mérida no la he conocido. La que sí he recorrido, agarrado a una mano amiga, ha sido una Mérida misteriosa, románticamente silenciosa y sugerentemente mágica.

Ana Rubio en la plaza de España de Mérida.Templo de Diana de Mérida.

El Templo de Diana es el culmen. Columnas del siglo I A.C. que contra toda lógica siguen levantadas en un mundo voraz dominado por fiebres que no entienden de artes ni historias. Pero Mérida es la contracorriente, un museo romano en la calle que pervive sin llamar demasiado la atención. Sea como fuere el Templo de Diana parece sacado de Fuera del Tiempo. Extraído de una película, de una ilustración de un libro o del recuerdo de una ensoñación, onírica o vívida, el templo con sus columnas se levanta majestuoso sobre un escenario sacado de nuestro espacio temporal. El Templo de Diana entre nieblas es una canción. Sin vocalistas, solo música.

Ana Rubio y José Antonio Arcos en el Templo de Diana de Mérida.

Cerca está el foro. Rodeado de algunos edificios modernos que deberían no estar y que la niebla esconde sabiamente para que centremos la atención en los restos de un foro que debió vertebrar un esplendor que jamás volvió a vivir esta ciudad emeritense. En un pasado lejano que se hace cercano en una noche de niebla de enero.

Foro romano de Mérida.Ana Rubio en Mérida.Arco de Trajano en Mérida.

Mérida entre la niebla viene a ser un poema sin métrica. Un verso libre en el que no hay que encadenar endecasílabos. Mérida en la niebla es el sonido de la primera estrofa de una poetisa que emerge cerrando los ojos entre las columnas de un templo. Diana susurra, pero solo se la escucha cuando todo el mundo aguarda en casa. Y el silencio camina por las calles.

Anoche tuvo un descuido porque Ana y yo lo vimos.

Plaza de España de Don Benito, Extremadura.
La niebla de Mérida llegó la noche siguiente a Don Benito. También entre tinieblas su plaza de España.

Acerca del Autor

joseantonioarcos

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra; licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Complutense de Madrid, con título de experto en Unión Europea. Periodista especializado en información agrícola.

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