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El derribo de nuevos invernaderos anima el paro en la costa de Granada

El derribo de nuevos invernaderos anima el paro en la costa de Granada

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Hoy hemos sabido que el desempleo se afianza como la primera de las preocupaciones entre los andaluces. Es lo que más preocupa al 64% de los encuestados, muy por delante del resto de cuestiones. Hoy también hemos visto como se volvían de desmantelar invernaderos en la costa de Granada. Tras dos meses de silencio los operarios enviados por la Dirección de Costas han reanudado los derribos en el litoral del municipio de Albuñol.

José Ramón Castilla mientras le desmontan el invernadero.
José Ramón Castilla mientras le desmontan el invernadero.

De esto ya hemos publicado en otras ocasiones durante el otoño, pero desde los días previos a la Navidad todo se había parado. Hasta el día de hoy. Es posible que estos dos meses de tregua se deban a la batalla judicial interpuesta por los afectados y Costas. O tal vez no. Lo cierto es que mientras la letra jurídica sigue dilucidándose en los juzgados de la ciudad de Granada, en la arena agrícola la angustia de los agricultores sigue creciendo.

A primera hora de la mañana, según nos comentaban desde la plataforma de afectados, hubo varios vehículos de la Guardia Civil acompañando a los operarios; pero a última hora de la mañana, cuando Ana y yo bajamos del coche, solo había un vehículo de la benemérita y el ambiente reposaba tranquilidad. Antonio Castilla, presidente de la plataforma de agricultores afectados, me insistía – como otras veces – que “somos gente pacífica, simplemente agricultores que queremos defender lo nuestro, y que asistimos impotentes al derribo de nuestros invernaderos”.

Es triste vivir como periodista esto. Mas, ¿cuánto debe serlo bajo el prisma de un afectado? Difícil saberlo, solo imaginarlo. Hombres pacíficos, como decía Antonio, pero también duros, resistentes como la piedra. Uno de ellos, Francisco Linares Manzano, al que le tiraron el invernadero cargado de cherry el pasado 22 de diciembre, me decía que “no vamos a parar en la lucha. Ahora más que nunca. No nos vamos a cruzar de brazos”. Y su compañero José Antonio Pérez expresaba la esperanza de todos: “Hasta que un juez con sentido común pare todo esto”.

Francisco Linares pisando el espacio que antes ocupaba su invernadero, ahora desmantelado.
Francisco Linares pisando el espacio que antes ocupaba su invernadero, ahora desmantelado.

Mañana precisamente en un juzgado de la ciudad de Granada habrá un careo entre las partes. Mientras que Costas habla de dominio público, de deslinde y de sentencia firme, desde la plataforma de afectados por la ley de costas se niega la existencia de ninguna orden ministerial (solo una nota interna) que diera pie a los actuales derribos. No es menester, ni lo ha sido jamás, dar la razón a unos ni a otros, ya que ello compete a los tribunales. Además parece que estamos ante una larga carrera de fondo con muchos matices, interpretaciones y letras pequeñas. Lo que sí es menester es contar el lado humano de esta historia. Más allá de cualquier diatriba argumental, lo incuestionable es que hay ya 7 invernaderos desmantelados (más el de hoy) y sus familias ni han sido indemnizadas ni se les ha dado un lugar alternativo donde reconstruir su modelo de vida. Simplemente se han tirado abajo sus pequeñas explotaciones familiares.

Mientras esta mañana desmontaban el invernadero de José Ramón Castilla – que no tuvo palabras para expresar su impotencia – caminaba entre los muertos de los bancales ya destruidos con algunos de los agricultores. Francisco Linares me mostraba los restos de sus matas de cherry. El señor, todo un caballero, sin una palabra más fuerte que la otra, sin arrugarse, pero guardando las formas en todo momento. Un ejemplo. Me narraba Paco que otro de sus compañeros a los que le echaron abajo el invernadero el fatídico 22 de diciembre, “ahora solo se ha quedado con cuatro cabras”. Y tras oír esto mi pesadumbre crecía. Y por eso he titulado esta crónica como viene más arriba: ‘El derribo de nuevos invernaderos anima el paro en la costa de Granada’. ¿Es ésta la España que queremos? O tal vez tendría que pensar en Andalucía, ¿es éste el modelo andaluz que pretendemos?

Agricultores muestran los restos de una cosecha de cherry destruida por los operarios de la Dirección de Costas.
Agricultores muestran los restos de una cosecha de cherry destruida.

Familias abocadas al paro, a la pobreza. Aquí el problema no viene de los terceros países, ni de competencia desleal, ni de dumping social de esos otros países extracomunitarios que meten sus hortalizas en Europa, el problema ni tan siquiera es de precios, ni la distribución aprieta ni los intermediarios agrandan sus márgenes, nada de eso. Aquí el problema es interno. Cuántos informativos me vienen a la cabeza sobre el paro, cuántos discursos habré escuchado sobre la PAC, sobre las ayudas que necesita el campo español para sobrevivir, sobre las peonadas que son necesarias para pedir el PER, etc, etc, etc. Y luego esta mañana me encuentro, como lleva ocurriendo desde otoño, que una economía productiva se destruye sin que nadie levante el grito al cielo. Estos agricultores y sus familias son invisibles. Pero aquellos que no tienen ojos para ellos seguirán hablando de problemas de paro y bla, bla, bla.

Se han destruido hasta ahora tres invernaderos en plena producción de tomate cherry, uno con producción de judía verde, dos en los que había pimientos italianos y otro con berenjena. Pero la pesadilla continuará porque el esquema es quitar todos los invernaderos que no estén a una distancia mínima de la playa. Todo ello a coste cero.

Una triste historia que me trae a la memoria ese poema universal de Miguel Hernández, “Las nanas de la cebolla”. Recojo solo sus dos primeros fragmentos porque la situación de los agricultores de La Rábita se aproxima cada vez más a esa pobreza descrita por el poeta alicantino. Si les quitan el sustento de vida que es el invernadero, sin nada a cambio, ¿de qué vivirán esas familias que están condenadas, si nadie lo remedia, al hambre y a la cebolla?

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre:
escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla:
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.

Derribo de invernaderos hoy en La Rábita.
Derribo de invernaderos hoy en La Rábita.

Sobre el autor

joseantonioarcos

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra; licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Complutense de Madrid, con título de experto en Unión Europea. Periodista especializado en información agrícola.

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