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El Algarve portugués. En el extremo oeste, el Cabo de San Vicente

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Este agosto ha sido nuestro mes portugués, recorriendo buena parte del país, la región sur del Algarve, desde la onubense Ayamonte hasta el cabo de San Vicente, esa puntita de tierra que se adentra en el Atlántico; desde Badajoz hasta Santarém, Nazaré con sus surfistas y más tarde hacia el interior para hacer escala en la ciudad santa de Fátima; hacia el norte hasta Oporto buscando la fama de sus bodegas y el aire decadente de sus calles y finalmente tras dar un pequeño salto poder cruzar la frontera con España a través de Galicia y su río Miño. Todo ello te lo narraremos en los próximos días, pero arrancaremos por el sur.

José Antonio Arcos en el Algarve.

El Algarve proviene del árabe al-Garb, el oeste, siendo la región europea situada más hacia el suroeste del continente, convirtiéndose en su esquina por abajo. Pero iré por pasos.

Portugal es un lío en cuanto a autovías, autopistas y carreteras nacionales. Dependiendo de si se entra por una frontera u otra, el panorama cambia, ya que en algunos lugares se informa con claridad al turista, como ocurre en el Algarve y en otros no, como sucede en la frontera por Badajoz o Zamora donde la intuición y pericia del turista conductor hacen frente a un lío monumental. Lo más fácil es facilitar en un punto de atención a la entrada del Algarve, a escasos metros de cruzar la frontera, una tarjeta de crédito en la que se cargarán los peajes, que son sin barrera (únicamente una cámara que fotografiará la matrícula hará las veces de ventanilla) y sin posibilidad de un pago in situ. Puede ocurrir que se quiera pagar y no se encuentre el modo de hacerlo, así que lo más sencillo es dejar una tarjeta en la que se irán pagando todos los pasos por peaje que se efectúen en un mes. Y ojo, en Portugal los peajes son muy abundantes, habiéndose incluso habilitado autovías que antes no eran de pago, convirtiéndose de facto en autopistas. Quizá sea lo peor del país, pero merece la pena atreverse con las autopistas virtuales portuguesas porque hay recompensa para el viajero. Me centraré en tres lugares del Algarve, situados en el extremo oeste, Portimao, Lagos y por último Sagres.

Iglesia de la fortaleza de Sagres, Algarve, Portugal.

Portimao, como su nombre indica, es una invitación a conocer su puerto y adentrarse en alguno de los restaurantes que jalonan las pequeñas callejas cercanas al Ponte Velha. Allí antaño los barcos desembarcaban la mercancía que se servía a los comensales que llenaban bulliciosos restaurantes que presumían de ofrecer las sardinas más frescas. Hoy día los locales de restauración continúan, aunque las embarcaciones han reducido su número. Un rincón de Portimao lleno de portugueses, lo que se agradece, ya que los turistas europeos dominan otras zonas de la ciudad donde se huele un turismo masivo que no se atisba ni en el puerto ni el casco viejo.

Ana Rubio y José Antonio Arcos en el Algarve, Portugal.Ana Rubio en el Algarve, Portugal.

Siguiente parada recomendada. Lagos, viajando aún más hacia el oeste. Lo interesante es conocer su parte intramuros. La zona vieja amurallada ha sobrevivido a construcciones hoteleras masivas, conservando en el interior de estas callejuelas peatonales el aroma y sabor que desde pequeños nos han contado que esconde Portugal. Lagos es bonito. Locales tradicionales, sobre todo destacables las pastelerías, que conviven con otros más modernos que recogen tendencias veganas y de consumo de productos naturales. Todo ello envuelto por la música callejera de sus esquinas y por un singular colorido que mezcla bohemia, exotismo y tradición.

Cabo de San Vicente, Portugal. Cabo de San Vicente, Portugal.

Y finalmente el extremo más suroccidental de la Península Ibérica, el famoso Cabo de San Vicente. Desde niño he querido visitarlo, imaginando en sus acantilados naufragios de piratas y de todo tipo de navíos que encallaban en sus rocas. Y mi imaginación no debió de exceder la realidad a la vista de una geografía impactante y llena de fuerza. Es tal la belleza del lugar que se entiende que sus imágenes dominen esta breve crónica a nuestro paso por el Algarve portugués.

Cabo de San Vicente, Portugal.

El Cabo de San Vicente se describe en las instantáneas que compartimos con vosotros. Seguro que habrá quien quiera experimentarlo en persona. Difícilmente no cubrirá sus expectativas.

Justo enfrente hay cita obligada en la fortaleza de Sagres, conocida también como fuerte o castillo de Sagres, un espacio que forma parte del Parque Natural del Suroeste Alentejano y Costa Vicentina.

Sagres, Portugal. Sagres, Portugal.

Sagres, Portugal.

En su interior varios caminos rodean el perímetro de esta antigua fortaleza, teniendo posibilidad de contemplar la costa desde diferentes ángulos, recreando la vista y la imaginación con acantilados imposibles; pero lo que más maravilla es la inmensa ventana que se abre al Atlántico, que emerge como un océano infatigable, antiguo y poderoso. Muy lejos, donde la vista no alcanza y más allá aún hay otro continente que ni siquiera se vislumbra. Solo las aguas del océano conocen de ambos márgenes que separan Europa y América.

Fortaleza de Sagres, Portugal.Fortaleza de Sagres, Portugal.

Acerca del Autor

joseantonioarcos

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra; licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Complutense de Madrid, con título de experto en Unión Europea. Periodista especializado en información agrícola.

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