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Desde Santarém hasta Nazaré y en la maleta melón y sandía española

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Estas últimas semanas hemos atravesado la frontera entre Portugal y España desde tres puntos cardinales, como los situados en Huelva – ya lo hemos narrado en el capítulo anterior sobre el Algarve -, por Badajoz, lo contaremos a continuación, y por Pontevedra, que será el siguiente post. El último de nuestro tour por Portugal.

Vimieiro, en el Alentejo.
Vimieiro, en el Alentejo.

Próximos a Mora, Portugal.
Próximos a Mora.

Estremoz, Portugal.
Estremoz.

La entrada por Badajoz es sencilla, directamente conduce a la autovía, salvo que el viajero quiera conocer la Portugal más profunda por carreteras comarcales, de mal asfalto, con curvas y cambios de rasante continuos, con indicadores de velocidad entre reducida y muy reducida pero con un sugerente premio: la Portugal más bonita, aquella en la que el turista rara vez ha recalado y donde se respira un ambiente pintoresco y deliciosamente bucólico. Es el Alentejo en estado puro, visible en algunas de las instantáneas de Ana referidas a Estremoz, Mora o Vimieiro. En este último pueblo paramos a tomar café, acompañado de algún típico pastel regional. Parecía que se hubiese detenido el tiempo, como si la Portugal de interior viviese anclada en los años 70. Para los nostálgicos tal sensación no está exenta de romanticismo.

Invernaderos en Portugal.
Invernaderos.

Fruterías a pie de carretera en Portugal.
Fruterías a pie de carretera.
En las calles de Santarém.
En las calles de Santarém.

Pero el viaje continúa, antes de abandonar el Alentejo observamos algunos invernaderos y no muchos kilómetros después vimos los primeros indicadores dirección a Santarém. Precisamente en esta ciudad en unos días se celebra una destacada feria agrícola internacional como es AgroGlobal, pero hemos tenido que proseguir nuestro recorrido y dejaremos dicho evento para conocerlo en su próxima edición.

Taberna Sebastião, Santarém.
Taberna Sebastião.

Miradores Santarém.
Miradores Santarém.
El Tajo a su paso por Santarém.
El Tajo a su paso por Santarém.

Santarém es una ciudad a la que volvería. Con ello creo que describo el sentimiento adquirido. Hicimos noche en ella, en su centro; degustamos su gastronomía, en un local auténtico lleno de portugueses y con platos autóctonos; recorrimos sus calles empedradas de día y de noche; pero aún así marchamos con la impresión de que Santarém requería más horas, más días.

El paso del Tajó por Santarém puebla la ciudad de lugares que invitan a seguir el curso del río, como sus murallas – con sus respectivos miradores – o el gran puente Salguiero con el que se alcanza en coche la ciudad mientras el Tajo lo atraviesa bajo sus entrañas. Otros espacios de interés son el mercado, destacan sus azulejos, varias de sus fuentes y plazuelas y su histórica iconografía en torno a conventos y viejas iglesias, entre ellas algunas góticas de especial interés.

Nazaré, Portugal.
Nazaré.

Y desde Santarém partimos con el objetivo de llegar hasta el Atlántico, pero no a un punto cualquiera, sino a la ciudad costera de Nazaré, mundialmente conocida por sus olas y por las pruebas deportivas que generan. Pero el camino entre ambas localidades, si se hace por carreteras comarcales como así hicimos, se convierte en un regalo para los sentidos. Para unos ojos almerienses como los míos, acostumbrados a la diversidad del color marrón, encontrar tal diversidad en el verde provoca un sentimiento difícilmente descriptible y que solo comprenderán aquellos lectores que habiten en lugares de clima mediterráneo subdesértico.

Playas de Nazaré, Portugal.
Playas de Nazaré.
Praia do Norte, Nazaré.
Praia do Norte, Nazaré.

Parece que los turistas con los que no nos tropezamos Ana y yo en Santarém, quisieron darse cita todos en Nazaré. Pasamos de una ciudad con nostálgico encanto portugués a una ciudad invadida de turistas deseosos de sol y playa, acantilados y muchas olas. Con tal público rodeándonos a cada paso Ana y yo comprendimos que no había mejor lugar parar abrir el maletero que Nazaré. De allí sacamos nuestros melones piel de sapo y nuestras sandías triploides, por supuesto españolas. Un pequeño guiño, simpático, a la promoción de nuestras frutas y hortalizas. Allá donde vamos portamos su bandera. Ana incluso añadió algunos tomates tipo cherry. Durante unos instantes conseguimos atrapar la atención de los surferos que se preguntaban qué hacían aquellos locos españoles. Me recordó el momento gracioso que vivimos en su día en el estadio de Anoeta, en San Sebastián, cuando desplegamos un gran cartel reivindicando toda nuestra pizarra hortofrutícola en la previa al concierto de Bruce Springsteen.

Mañana más. Último capítulo portugués.

El Agro Auténtico en Portugal.
El Agro Auténtico en Portugal.

Acerca del Autor

joseantonioarcos

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra; licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Complutense de Madrid, con título de experto en Unión Europea. Periodista especializado en información agrícola.

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