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Fátima y Oporto. Adiós Portugal

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Tras nuestra visita a la costera Nazaré volvimos a conducir hacia el interior del país en dirección al santuario de Fátima, pequeña localidad en la que hicimos noche. La gran explanada que separa las dos catedrales del lugar cambia de colorido si se recorre a plena luz del día o a media noche. Tuvimos la suerte de conocer el escenario en ambos momentos.

Fátima a media noche.
Fátima a media noche.

Fátima pasadas las doce, en una noche calurosa de agosto y con un golpe de brisa, en mitad del silencio de la gran explanada y con la ciudad a las espaldas casi en su totalidad dormida, dados todos esos condicionantes provocan en quien lo vive un sentimiento singular. Es como sentirse especial en un lugar que lo es. Al día siguiente, ya a plena luz del día, el silencio desaparece y las sensaciones son bien distintas. Hay algunos pocos turistas, pero no destacan entre una muchedumbre que acude a las basílicas por motivaciones opuestas a las de la curiosidad del mero espectador. Hay quien dice que Fátima es comercial, pero supongo que depende de los ojos con los que se mire. Los míos no se quedaron en ese detalle, sino en otros más profundos que son más difícilmente perceptibles.

Coímbra, Portugal.
Coímbra.

Fátima me gustó, mucho; pero había que proseguir. Ana y yo nos marchamos con un buen sabor de boca, con esa sensación de haber acertado en la visita.

Conducimos hacia el norte atravesando paisajes en los que cada vez el verde era más intenso y la vegetación más espesa. Por aquello de conocer el Portugal más profundo decidimos dejar la autopista e ir por carreteras regionales que nos permitieron atravesar muchos pueblos y hacer algunas paradas para tomar café y observar el latido de la parte del país alejada de los itinerarios turísticos. Me encantó y me atrevo a decir que a Ana también.

En las calles del centro de Oporto.
En las calles del centro de Oporto.

De fondo escuchábamos fado, que no era difícil de sintonizar en cualquiera de las emisoras que captábamos mientras hacíamos más y más kilómetros.

Rua de Santa Catalina.
Capela das Almas. Capilla de las Almas.

Estadio do Dragão, Oporto.
Estadio do Dragão, Oporto.

Cruzamos la ciudad de Coímbra, que en su día fuese capital del país, antes de poner rumbo final a Oporto. Aunque nuestro maratón por Portugal ha sido rural, la porción urbanita la ha aportado Oporto, la única ciudad que rivaliza con la capital Lisboa, en lo futbolístico y en su capacidad de influencia sobre la vida de los portugueses.

Rua de Santa Catalina.
Rua de Santa Catalina.

Oporto no guarda la uniformidad de las calles del casco antiguo de Santarém, sino que es ecléptica en lo arquitectónico y con una fuerte componente de decadencia en lo visual. Esto último en lugar de resultar desagradable puede tener un efecto contrario, envolvente y seductor. En lo que han coincidido Oporto y Santarém es en nuestro deseo de volver. Son ciudades que demandan más tiempo a los visitantes inquietos y ávidos de conocer y “sentir”.

Hotel Miradouro.
Hotel Miradouro.

En Oporto nos alojamos en un hotel que hace las veces de rascacielos, presumiendo de ofrecer las mejores vistas de la ciudad. Podéis opinar, solo hay que ojear en detalle algunas de las panorámicas que os compartimos. El hotel Miradouro presume además de no haber sucumbido a la ola de esnobismos de las últimas décadas conservando la misma decoración desde hace 40 años. Singular desde el dormitorio hasta la última planta donde se sirven los desayunos. Es difícil conocer un establecimiento hotelero que te permita retrotraerte a una época de niñez en la que todo era analógico y en blanco y negro.

Vistas desde los pasillos del Hotel Miradouro. Oporto.
Vistas desde los pasillos del Hotel Miradouro.

Panorámicas desde el hotel Miradouro.

Desde Miradouro hasta el céntrico casco antiguo apenas hay diez minutos a pie. Un paseo por avenidas animadas de jóvenes, muchos turistas mochileros, que acuden a una ciudad detenida en el tiempo, que rezuma edificios que en sus fachadas parecen venirse abajo pero que en sus bajos esconden pequeños locales donde tomar un Oporto, un zumo de frutas o una hamburguesa vegana. Oporto es una ciudad viva que parece caerse en pedazos. Tal contradicción alimenta el interés por conocerla mejor.

Río Duero a su paso por Oporto.

El río Duero la corta y la recorre. Ambas orillas están animadas de locales donde el plato estrella es el bacalao. El vino, en Portugal lo hay abundante y muy bueno y en Oporto más aún. Casi cita obligada es dejarse llevar por su gastronomía, a ser posible en una de las bodegas que jalonan los márgenes del río.

Al día siguiente partimos otra vez hacia el norte. Y hubo un momento en el que atravesamos un río y cambiamos de país. El río Miño nos condujo hasta Galicia, pero de ello hablaremos en el próximo post. Adiós Portugal.

Río Duero a su paso por Oporto.

Acerca del Autor

joseantonioarcos

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra; licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Complutense de Madrid, con título de experto en Unión Europea. Periodista especializado en información agrícola.

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