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La Amazonia que se esconde bajo el ‘mar de plástico’

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Para decir lo que está mal o supuestamente hacemos mal, ya hay otros que tiran por tierra muy a la ligera nuestra noble agricultura de invernadero; pero somos nosotros, los que la conocemos bien, los que tenemos el deber moral de defenderla. Con argumentos y cuanto más científicos sean, mejor. Uno de ellos, potente donde los haya, es recordar una y otra vez hasta partirnos la lengua que nuestros benditos invernaderos son sumideros de CO2, es decir, son parte de la solución de uno de los mayores problemas del planeta Tierra llamado dióxido de carbono.

Mar de plástico almeriense. /joseantonioarcos.es

El anterior post estaba dedicado a un género periodístico que dejamos tan solo para momentos especiales: la entrevista. En ella charlábamos con un roquetero que lleva dedicando mucho esfuerzo y recursos durante los últimos años a estudiar con un equipo de ingenieros las posibilidades que tienen los invernaderos almerienses para configurarse como un modelo singular de sostenibilidad único en el mundo. Antonio Cambil, director ejecutivo de SDC, lo expresa muy bien (pinchar aquí para leer la entrevista); pero yo he querido darle continuidad a esta cuestión porque creo que todo profesional que se dedique a la agricultura intensiva bajo plástico debe ser embajador de la misma y tener entre su argumentario el papel de los invernaderos como sumidero de CO2, nuestra particular Amazonia protegida.

Quitar CO2 de la atmósfera e inyectarlo en el invernadero

Pero esta capacidad del modelo Almería puede mejorarse aún más, es decir, se puede retirar todavía más CO2 de la atmósfera e inyectarlo como alimento a nuestros cultivos.

El total de los cultivos bajo invernadero en Almería consume de la atmósfera hoy día más del 5% de todas las emisiones generadas por Andalucía, pero ese porcentaje lo podemos elevar al 10%. Evidentemente no vamos a frenar el cambio climático, pero sí tenemos con ello un argumento de peso para decir que somos sostenibles, no con palabrería, sino con datos.

Invernaderos de tomate en Almería. /joseantonioarcos.es

En clave agrícola

Debido a la alta concentración de plantas en un recinto cerrado, durante las horas de radiación solar se produce un empobrecimiento carbónico en el interior del invernadero respecto al exterior. Las mediciones típicas de CO2 dentro del invernadero en horas de radiación solar suelen alcanzar las 200 ppm, mientras en el exterior (en la calle) se superan las 400 ppm. En realidad este empobrecimiento supone unas pérdidas de producción del 7%.

Solo la corrección de este empobrecimiento mediante el enriquecimiento carbónico ambiental (inyectando CO2 a la finca) para alcanzar un nivel de 600 ppm dentro del invernadero supondría una retirada adicional de la atmósfera de miles de toneladas de Co2 al año.

Además de los enormes beneficios medioambientales, este aporte extra de Co2 se traduciría en un incremento de la producción comercial hortofrutícola del 16%.

Pero no es menester de este post centrarnos en la inyección de CO2, sino en el hecho de que ya los invernaderos están cumpliendo la función de bosque. Otra cuestión es que lo hagamos más grande y sobre todo que sepamos promocionar que en la árida Almería hay un bosque por cada invernadero.

Inyección de CO2 en invernaderos de Almería.

“El invernadero almeriense puede reutilizar 4 millones Tn. de CO2”

Acerca del Autor

joseantonioarcos

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra; licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Complutense de Madrid, con título de experto en Unión Europea. Periodista especializado en información agrícola.

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