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Teruel en verano

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Ana Rubio en la plaza del Torico. /joseantonioarcos.es

Dejamos atrás Vinaroz y cruzamos desde la Comunidad Valenciana hasta la vecina Aragón para entrar en la provincia de Teruel, que existe, por supuesto que existe. La provincia y su paisaje es un reducto de paz para el amante del terruño y lo rural, en cambio ese recorrido paisajístico por los caminos de la provincia puede provocar el efecto contrario para el espíritu urbanita de quienes buscan otros alicientes. La ciudad de Teruel y su provincia no conocen el estrés de las urbes de la sociedad actual, la esencia y capacidad de seducción de esta tierra turolense dependen del espíritu que observe y de su deseo o no de dejarse llevar.

Ana Rubio y José Antonio Arcos. /joseantonioarcos.es

El espíritu rural, que ama la naturaleza y la capacidad del hombre para moldearla con amor y respeto, encontrará en Teruel a un aliado. Una cruz en el mapa del tesoro que indica “parada obligada”. Pasear en verano a ciertas horas por sus calles del centro, a las que no se puede acceder en coche, provoca una sensación singular, como si el tiempo estuviese confundido sin señalar día alguno del calendario. La escasez de viandantes y algunas callejuelas completamente solitarias insuflan en la imaginación la capacidad de creerse en otra época, como la de los Amantes de Teruel. Ese casco antiguo, en el que sus edificios respetan una arquitectura uniforme y coherente, está cuidado e invita a perderse. Callejear y callejear recreando cómo pudo ser la vida en la ciudad siglos atrás.

Los Amantes de Teruel. /joseantonioarcos.es

Fuente del Torico. /joseantonioarcos.es
Fuente del Torico.

La catedral de Santa María de Mediavilla, el portal de Daroca, la torre de San Pedro, la torre de San Martín, por supuesto la plaza del Torico con su fuente y los pórticos de madera que jalonan sus edificios o cualquiera de sus iglesias son bien merecedoras de la atención y el tiempo del viajero. Y si la visita a la ciudad es con pequeños, la recomendación infantil y familiar es Dinópolis, el parque destinado a la paleontología y a los dinosaurios, situado en la entrada de la ciudad, en la parte nueva de la misma.

Catedral de Santa María de Mediavilla, Teruel. /joseantonioarcos.es
Catedral de Santa María de Mediavilla.
Torre de San Martín, Teruel /joseantonioarcos.es.
Torre de San Martín.
Portal de Daroca. Teruel. /joseantonioarcos.es
Portal de Daroca.

Balcones en Teruel. /joseantonioarcos.es

Es fácil entender que la ciudad cambia drásticamente si es observada en verano o en invierno, con frío o con calor. En Semana Santa la fuerza de sus piedras y muros debe transmitir un mensaje muy especial, así que la siguiente pernocta ha de ser en tiempo de tambores y cirios.

Portal de Daroca. Teruel. /joseantonioarcos.es

Plaza del Torico. /joseantonioarcos.es
Plaza del Torico.

Tras decir adiós a Teruel ponemos rumbo a La Rioja, pero antes paramos en Zaragoza. No podemos estar tan cerca de la Virgen del Pilar sin hacerle una visita, aunque sea rápida y fugaz.

Torre de San Pedro, Teruel. /joseantonioarcos.es
Torre-campanario de San Pedro, en Teruel, ejemplo de la arquitectura mudéjar de Aragón.

Acerca del Autor

joseantonioarcos

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra; licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Complutense de Madrid, con título de experto en Unión Europea. Periodista especializado en información agrícola.

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