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Pamplona 20 años después

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Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra. /joseantonioarcos.es
Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra.

Muy propio de un guión cinematográfico es contar el reencuentro del protagonista de la película cuando regresa décadas después a su pueblo natal y vuelve a recrear su infancia y los momentos más felices de su vida. Historias como la que se narra en la cinta de 1996 Beautiful Girls – con un reparto en el que destacaban Uma Thurman, Timothy Hutton, Matt Dillon y una jovencísima entonces Natalie Portman – reflejan bien esa sinopsis. Película que por cierto está entre mis favoritas.

Las comparaciones son horrorosas y los paralelismos casi siempre inexactos. Porque Pamplona no es mi ciudad natal, soy almeriense nativo de El Ejido, y porque en este caso no es un reencuentro organizado, sino que ha sido improvisado. Lo que sí es cierto es que en Pamplona pasé una parte de los años más felices de mi vida, los universitarios, y que pisar la ciudad tantos años después provoca un sinfín de sensaciones y encuentros personales, mucho más allá de lo que se pueda replicar en unas pocas líneas como éstas.

José Antonio Arcos en el colegio mayor Belagua. Universidad de Navarra. /joseantonioarcos.es
Frente a Torre I, en el Colegio Mayor Belagua.

El último año del siglo pasado, 1999, cerraba página en la Universidad de Navarra para iniciar el camino hacia el periodismo de la experiencia, más allá de las aulas. Desde mi graduación no volvía a la Facultad de Ciencias de la Información, hoy día tiene otro nombre, pero viene a significar lo mismo: escuela de periodistas. Y después de 20 años, el edificio y sus instalaciones siguen igual, impertérritas al paso del tiempo, desafiantes ante el reloj de la vida.

Ana Rubio y José Antonio Arcos en el Campus de la Universidad de Navarra. /joseantonioarcos.es

He querido mostrarle a Ana una pequeña estampa del campus universitario, casi a escondidas, sin hacer ruido, buscando la intimidad que propicia una fugaz visita en un sábado de pleno verano. Casi a mediodía y sin avisar.

Así es delicioso pasear por el campus cuando apenas hay nadie. Bajar por el Colegio Mayor Belagua, transitar entre las dos torres (I y II), entrar en el Edificio Central, cruzar el río Arga, regresar atravesando la explanada de la Biblioteca y ascender hasta la que fuese un día tu Facultad. Y allí poder recorrer sus pasillos, volver a entrar en los estudios de grabación o en la sala de ordenadores. Todo igual. A mis ojos. Los que hemos cambiado hemos sido nosotros, las personas van y vienen, ciertos lugares permanecen. Sentir esto es agradable, bonito, no es necesario tildar adjetivos más elocuentes. Un reencuentro sereno, tranquilo y armonioso.

José Antonio Arcos en el Campus de la Universidad de Navarra. /joseantonioarcos.es
Campus de la Universidad de Navarra.

Eso sí, tengo que reconocer que una extraña emoción recorre este post. Aquella de quien siente que de algún modo una parte del yo se evade entre las manos del tiempo, de forma escurridiza. Griegos y romanos han llamado a esto de diferentes formas a lo largo de la Historia. Yo no sé ponerle nombre. Me equivocaría.

La otra Pamplona, la ciudad

Pero más allá de la Pamplona de quien ha estudiado en ella y evoca sus recuerdos de tiempos mozos, donde la mayor preocupación era aprobar un examen o hacer bien unas prácticas, también hay otra Pamplona conocida para una gran mayoría donde el verde de sus parques, la alegría de sus bares y restaurantes y los paseos por sus amplias calles y avenidas centran gran parte del interés.

En la Vuelta del Castillo de Pamplona. /joseantonioarcos.es
En la Vuelta del Castillo de Pamplona.

Iturrama, el barrio de los estudiantes de la Universidad de Navarra, ¡qué me corrijan, pero lo he visto igual, me encanta!! La Vuelta del Castillo, ese parque que no se acaba y rodea y rodea y rodea los paseos de tantos que encuentran por primera vez el amor en esta ciudad, la Ciudadela, el parque de la Taconera y sus miradores y por supuesto su casco antiguo.

Parque de la Taconera de Pamplona. /joseantonioarcos.es
Parque de la Taconera.

Ana Rubio en Pamplona. /joseantonioarcos.es

El Paseo de Sarasate con su Monumento a los Fueros y la Plaza del Castillo, totalmente peatonalizada y sin coches, y el bullicio de calles como San Nicolás o San Gregorio. Incluso la cuesta de Labrit, frente a la Plaza de Toros, resopla dos décadas después un ambiente similar al que hay en mis recuerdos.

Ana Rubio y José Antonio Arcos en la calle Estafeta de Pamplona. /joseantonioarcos.es

Para acabar la calle Estafeta, y no lo digo por los encierros de San Fermín, sino sencillamente por sus tabernas de pinchos. Con José Luis, médico durante muchos años del Tour de Francia, brindamos con un rosado de Navarra porque aquí los vinos más autóctonos son rosados. Como anécdota diré que en ese mismo local de la fotografía vimos al gran Miguelón, Miguel Induráin. El más grande de los ciclistas.

Panorámica de Pamplona con el río Arga. /joseantonioarcos.es

Acerca del Autor

joseantonioarcos

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra; licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Complutense de Madrid, con título de experto en Unión Europea. Periodista especializado en información agrícola.

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1 Comment

  1. Avatar
    Alvaro

    Que bien escrito! Que grandes recuerdos! A ver si sacas tiempo y escribes una novela! Autobiografica, o inspirada en hechos reales, que escribes muy bien y tus vivencias dan para mucho. Fuerte abrazo

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